El hígado graso es una enfermedad silenciosa que ocurre cuando se acumula grasa en el hígado, causando inflamación e, incluso, fibrosis.
21 de feb. de 2025 •
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El hígado graso es una enfermedad que ocurre cuando se acumula grasa en el hígado, lo que puede causar inflamación e, incluso, desarrollar fibrosis.
Esta afección es silenciosa, ya que generalmente no presenta síntomas, lo que dificulta su diagnóstico temprano y puede llevar a un agravamiento sin que la persona afectada lo sepa. Se estima que entre el 20% y 30% de la población mundial padece hígado graso (esteatosis hepática no alcohólica).
Existen varias condiciones que se asocian a esta enfermedad, tales como obesidad, diabetes mellitus, dislipidemia metabólica (alteraciones en los lípidos y colesterol), pérdida rápida de peso, el uso de ciertos medicamentos (como los glucocorticoides) y/o exposición a petroquímicos.
Clasificación:
Hígado graso no alcohólico: Su principal causa es el sedentarismo y una dieta rica en grasas y baja en fibra, con frecuencia asociada al sobrepeso. Puede desencadenar cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado.
Hígado graso alcohólico: Se produce cuando el consumo excesivo de alcohol provoca la acumulación de grasa en el hígado.
Diagnóstico:
El diagnóstico del hígado graso puede realizarse a través de un perfil hepático (un examen de sangre), pero también es necesario realizar pruebas de imagen para evaluar el tamaño, la forma del hígado y el flujo sanguíneo, como, por ejemplo:
Ultrasonido abdominal
Tomografía computarizada (TC)
Resonancia magnética (RMN)
Biopsia hepática
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Tratamiento para el hígado graso:
El tratamiento más eficaz para el hígado graso es la modificación de hábitos, destacando una dieta saludable y un estilo de vida activo sostenido a lo largo del tiempo. Si existen enfermedades asociadas, como obesidad, diabetes, dislipidemia o hipertensión, también es fundamental controlarlas.
Recomendaciones nutricionales:
Objetivo inicial: Controlar el peso y/o lograr una pérdida de peso saludable. Se recomienda una reducción de al menos un 7% del peso corporal durante los primeros seis meses.
Es importante evitar una pérdida de peso demasiado rápida, ya que podría movilizar los ácidos grasos del tejido adiposo al hígado y empeorar la esteatosis.
Evitar:
Consumo excesivo de alcohol y tabaco
Grasas saturadas, como las de las aves, quesos enteros, productos horneados y fritos
Comidas y bebidas con altos niveles de azúcares, como refrescos, jugos y bebidas isotónicas
Productos procesados, como cereales enriquecidos, galletas y salsas comerciales
Harinas refinadas o pan blanco
Preferir:
Alimentos ricos en omega 3, como pescados azules (atún, salmón, sardinas, trucha), frutos secos, linaza, chía y semillas de calabaza o girasol
Frutos rojos, cítricos y manzanas con cáscara
Verduras de todo tipo
Cereales integrales y maíz
Leguminosas, como frijoles y lentejas
Carnes blancas (pollo sin piel y pescado) y limitar el consumo de carne roja a un máximo de dos días a la semana
Realizar ejercicio de manera regular
Controlar la diabetes, el colesterol y la presión arterial
Beber suficiente agua: El agua ayuda a eliminar toxinas del cuerpo y mejora la función general del hígado. Consumir al menos 1.5 a 2 litros de agua simple al día
Consumir té verde: Es rico en catequinas, un tipo de antioxidante que puede ayudar a reducir la grasa en el hígado y mejorar la función hepática. Beber 1-2 tazas
Añadir cúrcuma a la dieta: La curcumina tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.
Evitar el exceso de sal
Incluir alimentos fermentados: Como el yogur y el kéfir, para promover un microbioma intestinal saludable, lo que puede ayudar a la reducción de la inflamación y mejorar la función hepática.
Controlar las porciones
Para más información, consulta las redes de nuestra nutrióloga de cabecera, Ximena Francia: