Lo que comes no solo nutre tu cuerpo, también impacta tu salud mental.
En los últimos años, hemos visto un aumento en los casos de depresión y ansiedad. Estos problemas no dependen de un solo factor, sino que son multifactoriales, lo que significa que tienen múltiples causas.
Sin embargo, algunos estudios han encontrado que una mala alimentación, sobre todo una dieta alta en azúcares y alimentos procesados, está directamente relacionada con estos trastornos. Esto se debe a que el cerebro y el intestino están conectados.
La relación entre nuestra comida y nuestras emociones es más profunda de lo que imaginamos. El intestino, conocido también como nuestro "segundo cerebro", juega un papel clave en nuestra salud mental. Este órgano, además de encargarse de la digestión, alberga billones de microorganismos que influyen en cómo nos sentimos y cómo gestionamos nuestras emociones.
Este delicado equilibrio microbiano en el intestino es esencial para nuestro bienestar. Cuando hay un desequilibrio, lo que se conoce como disbiosis, puede contribuir al desarrollo de trastornos mentales. De hecho, aproximadamente el 90% de la serotonina y la dopamina, neurotransmisores clave para regular nuestro estado de ánimo, se producen en el intestino.
Una dieta inadecuada o desequilibrios en la microbiota intestinal pueden generar inflamación crónica que afecta directamente al cerebro. Pero comer alimentos saludables puede promover el crecimiento de bacterias “buenas” en el intestino, lo que mejora la producción de estos neurotransmisores y se refleja en un mejor estado de ánimo.
Es importante tener en cuenta que el azúcar juega un papel negativo en este proceso. Es uno de los principales culpables de la inflamación y favorece el crecimiento de bacterias “malas” en el intestino, lo que puede afectar directamente nuestra salud mental.
Existen dos tipos de patrones alimenticios que son especialmente efectivos para “reconectar” el eje intestino-cerebro:
Este patrón de alimentación proviene de países del sur de Europa y tiene como base el aceite de oliva. Este aceite es rico en omega-3, lo que ayuda a reducir la inflamación y el estrés oxidativo, protegiendo el cerebro. Además, en esta dieta se consumen pescados y mariscos en lugar de carne roja, lo que contribuye a mantener en equilibrio los neurotransmisores.
Los frutos secos, las semillas, los cereales integrales, las verduras y las frutas rojas (muy ricas en antioxidantes) son componentes clave de la dieta mediterránea. Estos alimentos contribuyen a mejorar la microbiota intestinal y, por lo tanto, a mantener el bienestar mental.
La dieta de la milpa es un patrón alimenticio tradicional de México, basado en el maíz como alimento principal. El maíz es rico en carbohidratos complejos y fibra, lo que ayuda a mantener estables los niveles de glucosa en sangre, evitando los picos de insulina que pueden afectar nuestro ánimo.
Los frijoles, una fuente importante de proteínas vegetales, también forman parte fundamental de esta dieta, ya que mejoran la digestión y el equilibrio del azúcar en sangre. Al igual que la dieta mediterránea, la dieta de la milpa incluye muchas verduras locales (como nopal, jitomate, aguacate y calabazas), que aportan vitaminas, minerales y antioxidantes esenciales para la salud mental.
También se incluyen frutos secos como el amaranto y las semillas de calabaza. Además, el cacao, que aumenta los niveles de serotonina y dopamina en el cuerpo, es un ingrediente importante. En algunas regiones, se consumen pescados y aves, que proporcionan nutrientes esenciales para el cerebro.
Ambas dietas tienen beneficios claros para la salud mental, ya que favorecen la microbiota intestinal y ayudan a:
Para cuidar nuestra salud mental, es fundamental evitar ciertos alimentos que pueden alterar el equilibrio del cuerpo y el cerebro:
✔ Se corrigieron errores ortográficos como "concidera" → "considera".
✔ Se ajustó la sintaxis en frases largas para mayor fluidez y claridad.
✔ Se eliminaron redundancias y se mejoró la estructura de algunas oraciones.
✔ Se revisaron los signos de puntuación y se añadieron conectores para mejorar la cohesión del texto.
Para más información, consulta las redes de nuestra nutrióloga de cabecera, Ximena Francia:
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